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martes, 31 de enero de 2012

Capítulo 4

¡¡Hola a todos!! Tal y como os prometí, vuelvo esta semana con el 4º capítulo de Sawnock y el Amuleto del Volcán. A los que me seguís quiero agradeceroslo y adelantaros que a partir del próximo capítulo el libro se vuelve bastante más interesante. Estos capítulos eran la introducción de la historia así como de los personajes principales. Sín más, solo me queda desearos una buena lectura.

Capítulo 4 - Amor y enfrentamientos

Nada más llegar, Dan pasó un momento al baño y ya se iba cuando su padre lo llamó.


— ¿Tienes dinero?
— ¡Menos mal que me lo recuerdas! —exclamó Dan riéndose.
—En qué estarás pensando… —murmuró su padre, pero Dan hizo como si no lo hubiera oído—. Toma.
Por una parte le dio dinero para ir con Nadia al cine y también le dio por si necesitaba algo mientras ellos no estaban.
—Seguramente cuando vuelvas ya nos hayamos ido, así que te lo damos ahora —le dijo su madre dándole un beso.
Su padre le dio una palmadita en la espalda.
—Diviértete, pero ten cuidado.
Dan los miró sonriendo y se despidió de todos, hasta de Kevin que estaba entretenido jugando al ordenador. Luego salió de casa y llamó al timbre de Nadia, que salió al instante. Llevaba una minifalda negra con una camiseta escotada y sin mangas, y el pelo le caía por la espalda como de costumbre solo que lo llevaba un poco mojado.
—H-hola —tartamudeó Dan—. ¡Estás guapísima!
—Gracias. Tú también.
    Dan se sonrojó y de los nervios no supo que decir. Tanto tiempo deseando que llegara ese momento y ahora no sabía cómo reaccionar. Nadia se dio cuenta y quiso cambiar de tema.
— ¿Nos vamos?
—Sí, claro —le respondió él—. Por cierto, ¿qué película vamos a ver?
—No lo sé. Cuando lleguemos vemos las que hay y decidimos.
Fueron casi todo el camino hablando y riéndose. Al llegar al cine no había mucha variedad de películas que les gustaran de modo que se decidieron por una de acción y aventuras. Sacaron las entradas y fueron directamente a sus respectivas butacas ya que estaba a punto de empezar. Hacia mitad de la película Dan pensó que aunque era entretenida no era gran cosa, y se dio cuenta de que a Nadia no parecía entretenerle mucho porque estaba a punto de dormirse. Al volver a mirar la pantalla vio que se estaba desbordando un río, inundando a su paso un túnel lleno de coches y eso le hizo pensar en el túnel que habían descubierto por la mañana entre las rocas. No le habían dicho nada a nadie y, tras pensarlo un instante, decidió volver por la noche para descubrir adonde llevaba. Estaba tan sumido en sus pensamientos que no se dio cuenta que Nadia había dejado caer la cabeza sobre su hombro, por lo que del susto se apartó bruscamente.
—Lo siento —se disculpó Nadia—. No quería molestarte.
Dan se maldijo a sí mismo por ser tan idiota.
—No me molestas —le aseguró—, solo que me ha pillado por sorpresa, no me lo esperaba.
— ¿Entonces te importa que me apoye? —le preguntó ella con timidez.
—Claro que no —le dijo Dan rodeándola con el brazo.
Nadia volvió a dejarse caer sobre su hombro y Dan no pudo reprimir un suspiro. Ella giró la cabeza y lo miró a los ojos. Estaban a escasos centímetros el uno del otro.
— ¿Te ocurre algo? —le preguntó ella.
Dan la miró dulcemente.
— ¡Bésala! —oyó una voz dentro de su cabeza.
—Dan, ¿te ocurre algo? —repitió Nadia al ver que se había quedado mirándola sin apenas parpadear.
—Sí. Bueno, no —le dijo enfadado consigo mismo por ser tan cobarde.
Terminó así de ver la película, arrepintiéndose de no haberle dado un beso sin importarle lo que hubiera podido pasar.
—Si llego a saber que la película iba a ser tan aburrida nos podíamos haber quedado en mi casa porque mis padres están de boda y no hay nadie —le dijo Nadia mientras salían del cine—. Más que nada porque me estaba durmiendo y has pagado la entrada para nada.
— ¿Tus padres están de boda? —preguntó Dan extrañado—. ¿Qué haces aquí conmigo en lugar de estar con ellos?
    —Porque no conozco a nadie y para eso prefiero estar contigo aquí.
    — ¿Te apetece merendar? —dijo Dan cambiando de tema para no sonrojarse más de lo que ya estaba.
    —Vale. Oye, ¿te puedo preguntar una cosa?
    Dan la miró sorprendido y asintió sonriendo.
    — ¿Por qué has suspirado cuando me he apoyado en ti?
— ¿Yo? Por nada —dijo en tono poco convincente—. ¿Por qué lo dices?
    —Porque después de eso te he preguntado si te ocurría algo y me has dicho que si pero enseguida has rectificado y has dicho que no.
    —Porque no me pasa nada —le dijo riéndose.
    —No me lo creo. Me lo tienes que decir.
    Fueron a merendar y se encontraron con unos amigos de Dan que lo felicitaron nada más verlo. Luego les presentó a Nadia y tras estar un rato allí y después de tomarse un refresco se fueron. Dieron un paseo por la playa y Nadia aprovechaba de vez en cuando por si le pillaba distraído para que le respondiera a la pregunta, pero Dan seguía diciendo que no le pasaba nada. Como se estaba haciendo tarde fueron yendo hacia su casa y al llegar Dan le dijo a Nadia que se quedara a cenar con él, cosa a la que ella accedió encantada. Pidieron una pizza y mientras esperaban Nadia se sentó a ver la tele y Dan aprovechó para mirar en el ordenador si le había llegado un correo que le tenían que enviar.
Más tarde, mientras cenaban, Nadia mencionó por primera vez el túnel que habían encontrado por la mañana y Dan aprovechó para decirle lo que pensaba hacer.
— ¿QUÉ? —exclamó Nadia mirándolo fijamente, pero como Dan no dijo nada ella prosiguió—. Pues para que lo sepas, yo voy contigo.
    A Dan no se le ocurrió que decir. Recogió la pizza que quedaba y la dejó en la cocina. Luego se sentó junto a Nadia a ver la tele porque era pronto para irse ya que alguien los podía ver. Al rato se dio cuenta de que Nadia lo estaba mirando con el semblante serio.
    — ¿Qué pasa?
    —Nada, pero me siento mal porque soy la culpable de que hayas cortado con tu novia.
    — ¿Pero qué dices? Tú no tienes la culpa.
    —Sí, porqué yo empecé a hacerte cosquillas y al rodar por el suelo pensó que estaba liándome contigo.
    Dan no pudo más y la abrazó.
    —Tú no tienes la culpa de nada —le susurró al oído—, es más, te tengo que agradecer que estuvieras conmigo y que le hayas hecho creer lo que ella quiere pensar que estaba pasando porque en realidad me has ayudado a librarme de ella. Además, ¿sabes qué te digo? Que me habría gustado enrollarme contigo de verdad para poder restregarle que si me lío contigo es porque tú vales la pena, al contrario que ella.
    —Para ya, que me estoy poniendo roja —le suplicó Nadia más animada —. ¿Me vas a decir ahora eso que me tenías que decir antes?
    —No. Lo voy a hacer.
    A continuación, se acercó más a ella y rozó sus labios con los suyos, pero en ese momento sonó el timbre. Dan se levantó despacio y contempló a Nadia, que había cerrado los ojos. Volvieron a llamar otra vez. Fue a abrir maldiciendo a quien hubiera interrumpido el mejor momento de su vida. Abrió la puerta y vio a sus amigos Sergio y Manu.
    —Hola —le dijeron los dos a la vez.
    —Hola —respondió Dan un poco serio todavía.
    — ¿Qué te pasa?
    —Nada. Pero podíais haber tardado un poquito más en llamar.
    Les explicó el motivo mientras iban al comedor, donde estaba Nadia. Allí le presentó a Sergio, porque Manu y ella ya se conocían.
    Sergio era un chico de estatura normal, con el pelo corto de color castaño oscuro y ojos marrones. Tenía algunas pecas en la cara y llevaba un pendiente en la oreja. Era simpático, un gran amigo y además disponía de un don para hacer reír a todo el mundo. Manu era un poco más alto y corpulento, aunque hacía tiempo que no iba al gimnasio pero él se las arreglaba para mantenerse fuerte. Tenía el pelo corto de color pelirrojo oscuro, casi castaño y los ojos marrones. Era un amigo con el que siempre podías contar para todo lo que quisieras, experto en armas y en todo ese tipo de cosas aunque en el fondo era, por decirlo de alguna manera, sensible ya que en su tiempo libre se dedicaba a escribir poesía y siempre decía que cuando tuviera bastantes poemas iba a hacer un libro para que todo el mundo pudiera leerlos.
    —Bueno, ¿estáis listos? —preguntó Sergio.
    — ¿Para qué?
    —Íbamos a salir a cenar para celebrar tu cumpleaños.
    —Hay un ligero problema —murmuró Dan.
    — ¿Cuál? —quiso saber Manu.
    —Verás… Nadia y yo ya hemos cenado y ahora íbamos a salir —comentó Dan, y miró brevemente a Nadia—. ¿Queréis acompañarnos?
    —Sí, vale. ¿Dónde?
    Dan les explicó todo acerca del túnel mientras se comían la pizza que había sobrado. Al final accedieron entusiasmados y tras terminar de cenar fueron a sus casas a por algo de abrigo ya que Dan les había advertido de las bajas temperaturas del túnel, y de paso a decirle a sus padres que se quedaban a dormir en casa de Dan.
    Se habían quedado solos otra vez, Dan y Nadia.
    —Yo voy a ir a mi casa también a por algo de abrigo —le dijo Nadia—. No tardo.
    Salió de casa y mientras, Dan aprovecho para recoger todo lo que habían dejado por medio y fue a buscar una sudadera de manga larga. Estaba terminando de revisar que todas las ventanas estuviesen bien cerradas cuando escuchó un grito procedente de la calle. Salió a la puerta de casa y vio a Nadia forcejeando con alguien que se cubría la cabeza con una capucha negra. El extraño la había rodeado con los brazos impidiendo que se moviera. Mientras Dan abría la puerta de la calle Nadia consiguió mover el brazo y aprovechó para darle un codazo en la cara a su atacante, que enfurecido la tiró contra el suelo. Dan no se había perdido detalle y por eso pegó un puñetazo con todas sus fuerzas en la cara del encapuchado, que soltando un alarido de dolor cayó al suelo. Se le había caído la capucha y Dan lo miró enfurecido antes de reaccionar.
    — ¿Tú? —preguntó  extrañado pero enseguida lo entendió todo.
    Le dio una patada en el brazo y se preparó para darle otra, pero la segunda la esquivó.
Carlos se le levantó como pudo y ya se iba cuando Dan lo cogió por el pelo.
—Te dije que si me provocabas pagarías las consecuencias y de momento ya me has probado. Esto es lo mínimo que puede pasarte por lo que te recomiendo que no me vuelvas a tentar.
Como Carlos no dijo nada, Dan le dio un leve empujón y cayó al suelo otra vez, pero esta vez se levantó y salió corriendo. Dan lo siguió con la vista y vio que se dirigía hacia alguien. Era la silueta de una chica y aunque no se distinguía bien, tuvo una ligera sospecha. Volvió a la realidad al ver que Nadia se encontraba inconsciente en el suelo.
—Joder… —murmuró—. ¿Ahora qué hago yo?
La cogió en brazos con cuidado y se la llevó dentro. La echó en la cama que había en la habitación de invitados, junto al recibidor. Al momento volvió en si mirando atentamente a su alrededor.
— ¿Estás bien? —le preguntó Dan aliviado al ver que abría los ojos.
—Sí, pero me duele la cabeza.
Dan vio que le había salido un chichón, fruto del golpe que se había dado al caer, y rápidamente le puso hielo. Enseguida desapareció la hinchazón dejando paso a una leve rojez en la piel.
—Eres un cielo —le dijo Nadia cogiéndole la mano—. Si no hubiera sido por ti no sé qué habría pasado.
—Tranquila —le susurró acariciándole el pelo—. ¿Lo conocías?
—Era Carlos, el chico que había en la playa esta mañana.
—Ya lo sé —murmuró Dan pensativo—. Me pregunto qué quería.
—A mí me dijo que me llevaba con Laura porque quería hablar de algo conmigo pero como me resistí a ir con él quiso llevarme a la fuerza.
Dan confirmó con esto su sospecha acerca de la silueta de mujer hacia la que se había dirigido Carlos pero no le dijo nada a su amiga. Simplemente siguió acariciándole el pelo.
—No pasa nada. Ahora descansa para que se te pase el dolor de cabeza que ya me encargaré yo de esos dos —le dijo mientras se dejaba caer a su lado.
Momentos después estaban los dos profundamente dormidos.

1 comentario:

Jose Vte Fernández Marcilla dijo...
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